martes, 10 de diciembre de 2013

Sus vallas otra vez

Ya están sus muros nuevamente anunciándose en la acera, protegiendo sus repartos, ocultando sus arreglos, resguardando el festín y la carroña. Sólo son presagio de malas noticias, retardo de las esperas, amparan sus temores, ocultan su miseria.
Ya están sus muros nuevamente, recordando los abismo, las distancias, la palabra arrebatada y silenciada. Rodeados ya están, la gente se pregunta si acaso vergüenza conocerán, sus manitas levantarán como micos y luego se menearán al ritmo de la Roque señal.
Absurdo espacio el de este lado que todo se traga y al mismo tiempo nada. De este lado de la valla hambre, extorsiones, secuestros, narcotráfico, del otro lado opulencia, primer mundo, risas, encanto, viajes, excentricidad y toda clase de placeres. Del otro lado de la valla, estafar, acaparar, contener y limitar, todo es legal, de este lado acaso intentar robar un pan, ni pensar, delito mortal. 
Son ustedes y sus vallas y somos nosotros y la añoranza. Son los que las pueden, los que las tienen de todas todas, los que se ocultan entre muros porque, sólo así saben ganar. no conocen otro modo, no hay más, nuestra obligación moral de buenos ciudadanos es de vez en cuando salir a votar y callar, a nosotros nos toca alimentarlos, pagar las vacaciones de sus hijos en Dubai y ocuparnos para que sus almohadas tengan suficientes plumas donde descansar.
Ya están sus muros altos recordando que siempre van a querer más, que estamos separados, alejados, divididos, que el consuelo nuestro sean los ídolos, los dioses, los programas en horario estelar ¿Así nos vamos a quedar?

NO NOS REPRESENTAN

                       


lunes, 9 de diciembre de 2013

Yo tímido

A quien corresponda:

Si yo no fuera tímido seguramente los caminos serían más cortos, quizá las personas no tendrían tantos añadidos o quizá algunas no me serían tan indolentes. Lo más probable es que no estaría donde estoy. Los nombres serían más perdurables, mi memoria más extensa y mi promedio escolar una chulada. Quizá ya habría construido un palacete o viviría en otro continente.

Si yo no fuera tímido llegaría a tiempo a todas mis citas, mi cabeza y mi ropa estarían siempre secas, siempre listas. No lo sé, pero probablemente los bailes serían más frecuentemente con una mano en el hombro, quizá el silencio sería más consustancial o habría más palabras que miradas.

Si yo no fuera tímido las cosas no estarían tan gastadas, quizá durarían un poco más, tendría más tiempo para tener mis manos libres, el tintero duraría más, los cuadernos tendrían más hojas blancas y menos dibujos, el computador más memoria, quizá podría expresar abiertamente que hay momentos en los que me encanta la soledad. Respirar despacio sería más normal y mi labio no tendría que ser mordido para que deje de temblar.

Si yo no fuera timido no habría necesidad de usar "suberfugios", "pasadizos", "rutas de escape", "salidas de emergencia", "evasivas" como los nombra el sentido común y la lógica de la sociedad. Quizá todo sería más natural y la normatividad social no sería un malestar estomacal, habría usado el tiempo en aprender a esquiar y no en aprender a socializar, si yo no fuera tímido las ofensas me dolerían más, quizá estaría siempre buscando donde reclinar la cabeza o hacer fiesta o no hacerla me daría igual. No tendría que correr todo el tiempo, quizá ya hubiera llegado, aunque podría ser también que no tuviera a donde llegar. 

Si yo no fuera tímido habría una gran probabilidad de ser un hombre satisfecho, bien adaptado, bastante convencional, es decir, normal. Pero nada de eso quiero, unidad no es homogeneidad. Quizá no me hubiera visto en la necesidad de abrir la sensibilidad, de conocer mis limitaciones, quizá no habría tiempo o sentido alguno en mirar ninguna alteridad, no lo sé, pero quizá no disfrutaría tanto como disfruto los buenos momentos y las buenas compañías, quizá no disfrutaría de las cosas más sencillas, ni me atrevería a dormir en la intemperie o junto a los ratones, quizá no hubiera necesitado aprender la maravillosa habilidad de reirme de mi mismo o tantas cosas más.

Pero de algo estoy seguro, si yo no fuera timido intentar estar junto a ti sería más facil, como algo connatural, sonreir, hablar, sonreir. Para estar contigo el camino para mí es más largo, dar un paso o dos y ya está, camino complicado, aún así lo quiero cruzar. No soy lo suficientemente tímido para pasarme toda la vida sólo imaginándote.

Como diría el cubano Octavio Farrés "quizás, quizás, quizás", nada es seguro, todo es posibilidad.


Un poquito nada más



lunes, 11 de noviembre de 2013

¿A qué huelen los dioses?

Es una terrible pérdida la que te aqueja. Qué lamentable crisis la de tu sistema olfativo. El aire ya no es el mismo, ya no se espanta con tu presencia. Te has destruido los nervios y el bulbo olfatorio se te ha llenado de voluptuosidad y magia, de sensualidad, de buenos venenos, dulces aromas de madera y sus frutos, de flores, lirios y suaves pieles. 

Se te ha hipnotizado el sentido y el borde de los senos paranasales. Estás atrapado. Hechizado por la nariz, por el color y la transparencia del aire que huele bonito, del aire fanfarrón y altivo y de sus manos seductoras. Si el aire tuviera una mirada te observaría directo a las pupilas para mostrarte las bondades del mundo, si tuviera una voz sonaría como un armonioso oboe y te arrastraría por un camino de placeres y deseos. Todo está bien ahora, aquí no pasa nada, porque todo huele bien y eso es bueno.

Lo que me preocupa en realidad es que se te han perdido los malos olores, se han ido y lo lamento hasta los huesos. Se te ha olvidado el olor de la calle y sus cloacas, de los colchones húmedos, de los ríos podridos, de las casas abandonadas o de las saturadas. Ya nada puede ser igual, ningún sentido de la balanza, se te han borrado la justicia y las simetrías, la geografía y sus genéticas, el poder ya no tiene límites. Ya no percibes las notas de la pobreza, las resinas de la fealdad, o el éter de los estómagos vacíos y las gargantas secas. Como si se hubiese eternizado la estética y sus occidentes.

Aún peor, y te compadezco, es que ya no sabes reconocer el quemante aroma de tu cuarto vacío, del sudor de tus pies o tus excrementos, de tu boca o de tu ropa sucia, de las bacterias muertas que te habitan, de tu fragilidad, de tu humanidad pues. 

Con todo esto me pregunto ¿A qué huelen los dioses?

Espero se resuelva tu problema, busca un buen otorrinolaringólogo, si no funciona busca algún alquimista o algún yerbero que te bañe de inciensos y bálsamos para que te purifique tu lóbulo frontal y esa triste nariz. No todo está perdido, ahora podrás acercarte, si así lo quieres, a todo aquello que antes tanto despreciabas.




martes, 22 de octubre de 2013

Sólo piensan en llegar

Dicen en la plaza que se quedaron casi desnudos y una señora se perdió sabe dónde, que unos cuántos pesos no les sirven de nada, que el pinchi coyote se quedó con su lana. Para qué entonces, los niños ya no quieren caminar más, que se les acabaron los gansitos y los churritos y apenas les quedó un poco de agua, que sus zapatos yastán bien rotos, que allá en los iunaites se comprarán una pizza, de esas que son de piña, y una coca fría, la neta ahora sólo piensan en llegar.

Lejanas noticias en el camino.





miércoles, 21 de agosto de 2013

Uno no tiene la culpa

Algo me ha enseñado la vida, que hay que saberse a uno mismo, con todas sus posibilidades e imposibilidades y hacer lo que se pueda, también me ha enseñado que existe gente que le genera culpa, ansiedad o miedo o algo en el alma, su ausencia de libertad para reconocerse, para asimilarse, para asumir su rostro, su pequeñez, las ausencias o carencias de su fugaz existencia, y cuyo salvamento pueril para asirse a la vida es su conciencia ministerial y moralista de lo correcto y lo incorrecto, sus prejuicios racionalistas que les dictan manuales de cómo se deben hacer las cosas y su mirada policiaca, y por lo tanto estrecha, pendiente siempre de lo que otros hacen o dicen. Pero la verdad es que uno no tiene la culpa.



miércoles, 3 de julio de 2013

Días de tormenta

Es el huracán de los días de tormenta, recostado sobre la alfombra, a tu lado, abrazados, contagiando el aire de su olor a tiempo. En este mar escondido entre cuatro paredes, cuyo oleaje se evapora mientras hablamos y sólo mi estómago se aquieta con una música de pianos y tambores.

Mis manos se apestan a tabaco incinerado. Suerte del humo que se va al cielo y mira todo desde arriba, ensuciando las narices, nublando la vista y las conciencias.

Y los ladridos quietos inundan mis oidos, es lo único que escucho, es lo único que retumba, es lo único que sé, por ahora...

Enero 2004




Antes de Dios